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[REVIEW] Cobra Kai: Una mirada crítica a la nostalgia | NETFLIX
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#PAWAdictos! Con la fecha para la Tercera Temporada en nuestras manos es un buen momento para ponerle ojo a «Cobra Kai«, la joya iniciada por YoutubeRed y actualmente disponible, con ambas Temporadas, en Netflix. Las mismas razones que han atraído a tantos hacia esta serie parecieran ser las mismas que mantenían a algunos alejados de ella, pero en un medio saturado por la exacerbación de la nostalgia y la adoración a los años 80’s, Cobra Kai propone una crítica inesperada, pero agradecida que compartimos aquí en PAWA.

COBRA KAI

Nuestra «CRÍTICA» también se encuentra disponible en audio.

SINÓPSIS:

34 años después del mítico torneo de karate de All-Valley en California, Johnny Lawrence y Daniel LaRusso ven resurgir una rivalidad que jamás se apagó por completo. Esta vez se enfrentan como senseis de sus respectivos dojos de karate, y será la nueva generación de karate kids quienes darán la cara en la histórica rivalidad de Johnny y Daniel-san. Pero los tiempos han cambiado, quizás la violencia ya no sea suficiente para resolver los problemas que viven estos adolescentes, y quizás nunca lo fue.

FICHA TÉCNICA:

  • TÍTULO: Cobra Kai (Serie de TV)
  • PAÍS: Estados Unidos
  • DURACIÓN: 30 minutos aprox.
  • DIRECCIÓN: Josh Heald (Creador), Jon Hurwitz (Creador), Hayden Schlossberg (Creador), Jon Hurwitz, Josh Heald, Hayden Schlossberg, Jennifer Celotta, Steve Pink, Michael Grossman, Lin Oeding
  • ELENCO: William Zabka, Ralph Macchio, Courtney Henggeler, Xolo Maridueña, Tanner Buchanan, Mary Mouser, Jacob Bertrand, Gianni Decenzo, Martin Kove, Nichole Brown, Vanessa Rubio, Rose Bianco, Hannah Kepple, Griffin Santopietro, Diora Baird, Randee Heller, Ed Asner, Dan Ahdoot, Bret Ernst, Joe Seo, Annalisa Cochrane, Kwajalyn Brown, Bo Mitchell, Jonathan Mercedes, Owen Morgan, Ken Davitian, Candace Moon, Vas Sanchez, Peyton List, Paul Walter Hauser, Aedin Mincks, Khalil Everage, Nathaniel Oh, David Shatraw, Kim Fields, Rob Garrison, Ron Thomas, Tony O’Dell, Cameron Markeles
  • GUIÓN: Josh Heald,Jon Hurwitz, Hayden Schlossberg, Stacey Harman, Luan Thomas, Michael Jonathan Smith
  • MÚSICA: Leo Birenberg,Zach Robinson
  • FOTOGRAFÍA: Cameron Duncan, Paul Varrieur, D. Gregor Hagey
  • GÉNERO: Serie de TV, Comedia, Acción, Artes marciales, Karate, Secuela
  • DISTRIBUIDO EN CHILE POR: NETFLIX
  • ESTRENO EN CHILE: Tercera Temporada se estrenará el 08 de Enero del 2021

BANDA SONORA:

HISTORIA:

El relato comienza con la historia de Johnny Lawrence, 34 años después de aquél mítico torneo de karate. Su vida resulta ser bastante miserable: vive en un pésimo departamento, tiene un trabajo inestable y un problema con el alcohol, mientras que Daniel LaRusso es un exitoso empresario automotriz que centra toda su campaña de marketing en su antigua fama como campeón de karate, y sus carteles y comerciales se le aparecen constantemente a Johnny, recordándole de aquella derrota y toda la desgracia y fracaso que le ha seguido hasta el día de hoy. El conflicto se dispara cuando Johnny debe ir a buscar su auto averiado a la automotora de LaRusso y ambos se encuentran cara a cara, haciendo resurgir los traumas de ambos y llevando a Johnny a decidir que, con un poco de dinero que había conseguido, reabriría el dojo Cobra Kai, para enseñar el camino del puño a los muchachos que necesitasen aprender a pelear y valerse por si mismos, como Miguel, un adolescente ecuatoriano que vive en el mismo edificio que Johnny, y que a través de duro entrenamiento se convertirá en el nuevo Karate Kid.

 

CRÍTICA:

El año 2007 se estrenó una pequeña serie llamada The Big Bang Theory, y con ella comenzó el asesinato de la referencia como recurso narrativo.

Doce temporadas más tarde, podemos entender lo fácil que es hacer reír al público “ñoño”, y claramente, los productores de esta serie lo entendieron bastante rápido también. Se dieron cuenta que no era necesario confeccionar un elaborado chiste que involucrara ideas de aritmética en una fórmula inteligente y solo entendible si sabias algo de aritmética, bastaba con nombrar algo nerd, mencionar algo ñoño, decir algo geek… Y listo, los hacías sentirse identificados, los hacías reír y los enganchabas por once temporadas más.

The Big Bang Theory demostró que no era necesario que una referencia fuera genuinamente chistosa para captar nuestra atención, solo era necesario que fuese declarada, y con ello, mató la referencia como recurso narrativo.

El año 2015 se estrenó una pequeña película llamada Star Wars: The Force Awakens, el revival de una de las más grandes franquicias del cine (y todos los medios imaginables).

Una saga con un extenso universo expandido, todo el presupuesto del mundo, y ninguna trama inconclusa que debiesen seguir de forma obligatoria. Aun así, decidieron prácticamente repetir la historia que ya habían contado décadas atrás, no me malentiendan, me gustan harto las secuelas, pero no puedo dejar de ver ahí una oportunidad desperdiciada. En lugar de pararse en los hombros de los gigantes que son las películas anteriores y apuntar hacia algo nuevo, desconocido y emocionante, solo le estrujaron dinero con un constante “¿se acuerdan de…?

¿Me sentí satisfecho con ello? No, ¿las fui a ver todas al cine? Si y algunas más de una vez, ¿las disfruté? Si y «más que la chucha«, ¿sigo pensando que fueron una oportunidad desperdiciada? Sí, con plena convicción.

El año 2016 se estrenó una pequeña serie llamada Stranger Things, que claramente suponía a mi papá como su público ideal.

Es una buena serie, quizás con una mediocre Segunda Temporada, pero buena, al fin y al cabo. Mi gran problema con ella es que no podía dejar de sentir que todas esas referencias duras a los 80’s eran expuestas con demasiada obviedad frente de la cámara intentando generar alguna conexión por nostalgia, claro, la serie está ambientada en esa época y tanto estéticamente como estructuralmente se enmarca en el género kids on bikes, pero muchas veces al comentarla sentía que esa carnada de nostalgia y referencias a la época representada se comían de cierta forma la historia. Muchas personas con las cuales comentaba esta serie (que vivieron los 80’s) se acordaban más de que fueron al arcade, usaban cassettes y walkie-talkies, que de la historia misma.

Parecía que el esfuerzo de marketing nostálgico era más grande y reconocido que la serie misma, siendo que había mucho de esta serie que vale la pena reconocer y apreciar.

The Big Bang Theory (2007), The Force Awakens (2015), Stranger Things (2016).

Esas eran las tres razones por las cuales no quería ver Cobra Kai (2018).

Que equivocado estaba…

Tenía miedo de que Cobra Kai girara por completo alrededor del recurso de la nostalgia, como The Force Awakens, con un constante: “¿se acuerdan de esto? ¿sí? ¡Pues aquí está de nuevo sin ningún propósito aparente!”. No me emocionaba el panorama de que constantemente sacaran referencias sobre cosas ñoñas para apelar a la identificación del público, como en The Big Bang Theory, sin realmente elaborar humor alrededor de ello. Me aburría la mera idea de ser constantemente bombardeado con recuerdos y estética ochentera en un intento de mantener enganchado al público que recuerda esa época con nostalgia, como en Stranger Things, al punto de opacar la historia o incluso a obviar el construir una trama en favor de capitalizar en el poder de la nostalgia y la identificación del público.

Tenía miedo de que el revival de Karate Kid fuera un homenaje paródico de este género cinematográfico y televisivo, que para ello ya tenemos a Kung Fury (2015) haciendo un excelente trabajo. Cobra Kai resultó ser muchísimo más que un revival, es una verdadera clase sobre como escribir secuelas, y sobre cómo aprovechar recursos como la nostalgia y las referencias sin que se coman la obra entera y potencien la narrativa en lugar de negarla.

Empecé a ver esta serie junto a mi papá, yo estoy en mis 20’s y el en sus 50’s, hemos visto varias veces Karate Kid y sus secuelas a lo largo de los años. Si bien ambos éramos escépticos respecto a este revival, creo que de cierta forma calzamos con el público objetivo al que apunta esta producción; un boomer con un incesante apetito por nostalgia de los 80’s y un millennial que critica todo y tiene una predisposición negativa hacia todo lo que no sea contemporáneo. Ambos encontramos algo que no buscábamos en esta serie.

Cobra Kai (2018), creada y escrita por Jon Hurwitz y Hayden Schlossberg nos cuenta la historia de los antiguos finalistas de aquel famoso torneo de karate que ocurrió allá por el año 1984 en Los Ángeles, California. Daniel “san” Larusso (Ralph Macchio) es un magnate de la empresa automotriz que domina sobre la zona, pareciera tener la vida y la familia perfecta en el barrio alto de la ciudad, y centra todo su marketing y filosofía de negocios en las enseñanzas del Sr. Miyagi y la popularidad que todavía le trae su victoria hace más de 30 años atrás contra el hijo pródigo del dojo Cobra Kai, Johnny Lawrence (William Zabka), quien hasta el día de hoy se ve sumergido en el fondo del abismo al que lo empujó su derrota en la final de aquel torneo, y la violencia de su sensei que lo marcó para siempre. La premisa ochentera se cumple, el chico bueno se queda con la chica (con la que no está en este momento, pero filo) y triunfa porque es bueno, y el chico malo se convierte en un borracho que debe hacer trabajos denigrantes y vivir una vida en lo más bajo de la ciudad. Daniel y Johnny intercambiaron barrios, el primero ahora vive en la zona rica de la ciudad, en una enorme casa con piscina, mientras el segundo vive en un departamento roñoso en Reseda, un sector de clase media-baja donde vivía Daniel en la película original.

No voy a adentrarme mucho en la historia para poder hacer esta reseña medianamente libre de spoilers, pero en resumen puedo decir que se trata sobre el camino de Johnny para reconstruir el dojo Cobra Kai, y encontrarse a sí mismo en el proceso de entrenar al que podríamos llamar “el nuevoKarate kid, Miguel Díaz (Xolo Maridueña). Pero es mucho más que eso, y trataré de explicarlo sin delatar mucho de la trama.

Cada vez que Cobra Kai te guiña un ojo, es por algo. Creo que esa es la forma en que puedo resumirlo lo más posible. algunas de las producciones que nombré al principio (y muchas otras más que realmente no vale la pena mencionar) utilizan los “guiños” (referencias, name-drops, nostalgia, estructuras conocidas, tópicos) de manera vacía y sin un propósito narrativo, es el guiño por el guiño, la referencia por la referencia, emiten un significante sin un verdadero significado. Ahora, claro, esto tiene una función, vender y enganchar, pero ese es un propósito en función de la producción como producto y no como obra narrativa (que no está mal, ósea, hay que ganar plata para comer), al final el mercado lo definimos los consumidores, y si para nosotros está bien eso y lo consumimos sin chistar, no es culpa realmente de los grandes estudios cuando se aprovechan de ello. Pero se siente una enorme diferencia cuando llega alguien haciéndolo bien.

Y es increíble la cantidad de guiños que Cobra Kai inserta tanto de manera sutil como de manera evidente dentro del tejido de su narrativa, pero lo realmente fascinante es que todos y cada uno de esos guiños cumplen una función narrativa. Cada vez que comienza a sonar alguna canción ochentera en especial, ya sea rock o synthwave, cada vez que se retrata alguna de las tomas de la película original, cada vez que insertan un flashback, cada vez que estructuralmente se utilizan fotomontajes superpuestos o voces en off al más estilo de película de artes marciales ochentera, cada vez que se muestra alguna reliquia del pasado todavía viva en esta época como un walkman o un campo de minigolf  y arcade. Todos y cada uno de esos guiños están ahí por una razón narrativa; ya sea para indicar un crecimiento en la relación de dos personajes que comparten una brecha generacional, para profundizar la introspección de algún personaje sobre su propio pasado, para potenciar los símiles entre los sensei de la película original y los actuales, etc.… pero el uso más potente e inteligente que le dan a estos guiños es la sátira.

Kung Fury hace un trabajo excelente como un homenaje paródico a la televisión ochentera gringa, donde a través del humor exagera y celebra los clichés tanto tópicos como estructurales de esta era, no los critica directamente, sino que los ensalza en humor, saciando la misma necesidad que ese género de televisión saciaba en esa época (me imagino).

Pero ahí donde Kung Fury hace parodia, Cobra Kai hace sátira, cuestionando constantemente los clichés humorísticos no solo de los 80’s como periodo, sino de las películas originales de Karate Kid. Al poner en contraste y comparación personajes de diferentes generaciones en un entorno contemporáneo, expone los clichés ochenteros al ojo crítico de los personajes que podríamos considerar millennials o gen-z. Esto está muy bien trabajado en el personaje de Lawrence, que literalmente se quedó pegado en los 80; sigue viendo las mismas películas, no sabe nada sobre la tecnología actual, tiene todavía una tele CRT y un teléfono fijo, y que es aún peor ideológicamente; es sexista, ligeramente xenófobo, intolerante ante ideas que podríamos llamar “woke” o “progre”, probablemente alcohólico, y sus métodos de enseñanza son, en su gran mayoría, dudosos legalmente hablando (siendo generoso). En ese personaje, que no tendría como salvarse del juicio público hoy en día, es que se concentra todo el amor y obsesión por los años 80’s. No es exaltado ni alabado, es reprochado y constantemente cuestionado.

Cobra Kai no viene a celebrar los tópicos ni las visiones de mundo de los 80, no viene a hacer la apología clásica de “eran otros tiempos”, ni mucho menos a acusar a la tan vilipendiada “generación de cristal”. Viene a cuestionar a través del humor, esa es la definición de manual de una sátira, viene a mostrar como la adoración hacia la cultura ochentera, y la defensa de esta, ha hecho más mal que bien, y la oda hacia la competencia física como metáfora de “todo” ha hecho poco más que conformar masculinidades enfermizas e ilusas. Tanto Daniel como Johnny, con más de cuarenta años siguen traumados y pegados en el año 1984, tanto el ganador como el vencedor siguen dándole vueltas a ese torneo, y definiéndose a través de su desenlace.

Hay dos cosas hermosas que mencionar respecto a todo este constructo satírico: el primero es que logra ser genuinamente chistoso, no critica el género de manera ácida ni insistente, sino a través de un humor potente y bien medido; lo segundo es que la serie propone redención y crecimiento para todos sus personajes. Sí, Johnny es sexista y alcohólico al inicio, pero a través de procesos super orgánicos y creíbles logra cambiar y crecer, sin bombos ni platillos, sin perder su identidad, sin gritarle a la cámara las consignas woke para dejarlas bien claras, sino de manera orgánica y dentro de los límites que el personaje puede soportar sin perder su verosimilitud. Sí, Daniel tiene un enorme trauma y rencor por los eventos de 1984, y se comporta de forma muy desagradable y pasivo-agresiva, pero la sabiduría del Sr. Miyagi vuelve regularmente a él para ayudarlo a encontrar su balance. La serie todavía está en curso así que los caminos de redención de estos personajes todavía no se completan (si es que van a completarse), pero hasta el momento es una mirada muy esperanzadora y una ejecución plenamente orgánica y verosímil.

Cuando la serie te muestra como Johnny recuerda los eventos del año 1984, que si bien en ningún momento miente, parecieran relatarse de forma muy diferente a como los cuenta la película (que se pone del lado de Daniel). Al momento de comentar todo esto con mi papá él llegó a la conclusión de que “el verdadero villano es el karate… si mira, los dejó a los dos cagados”, y no puedo dejar de encontrarle algo de razón a esa lectura. Pero de nuevo, donde la serie propone redención para todos los personajes, también propone redención para el karate, incluso para el dojo Cobra Kai, logrando mostrar ese estilo de enseñanza como algo de lo que estas generaciones pueden aprender y sacar buenas lecciones, como una forma de entregarte confianza y liberarte de los pesos que mantienen abajo en una búsqueda imparable por la excelencia y la victoria.

No puedo hacer nada más que aplaudir y estudiar el tremendo trabajo que todo el equipo de guion, producción, actuación, rodaje y edición ha hecho con Cobra Kai, y lamento estar escribiendo esto años después de que fuera noticia, pero esta producción es sin duda una de las mejores y más perfectas obras de malabarismo que ha llegado a Netflix, solo queda esperar que no se vea arruinada o cancelada por este gigante del streaming.

Esta serie es capaz de celebrar los 80’s sin justificarlos, utilizar sus clichés sin que se coman la historia, puede profundizar personajes simples sin que pierdan sus identidades, proponer caminos de aprendizaje y redención sin que parezca propaganda forzada, hacer reír sin risas grabadas, invocar nostalgia controlada, referenciar sin agotar, cuestionar sin destruir, criticar sin aburrir, y por sobre todo: revivir sin sepultar.

EVALUACIÓN:

mPN1E8HmPN1E8HmPN1E8HmPN1E8HmPN1E8H: 5,0 / 5,0


UAFD1MZ : Mala.

mPN1E8H : Solo recomendable para reírse.

mPN1E8HmPN1E8H : Recomendable para tenerla de fondo mientras haces otra cosa.

mPN1E8HmPN1E8HmPN1E8H : A pesar de tener defectos, es recomendable para la mayoría del público.

mPN1E8HmPN1E8HmPN1E8HmPN1E8H : Buena.

mPN1E8HmPN1E8HmPN1E8HmPN1E8H mPN1E8H : Excelente serie, revolucionaria.

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